lunes, 4 de enero de 2016

Cavuevo

Hacía tiempo que no nos veíamos. Me tuve que despertar temprano y viajar en transporte público para hacerlo.
Estaba saturado, necesitaba unas vacaciones, aunque había pasado solo un día de su último viaje.
La espesura corría por sus venas, tenia mirada de pocos amigos bajo una cara descansada, sin sueño.
Sigo sin saber dónde estaban sus pendientes, por qué llevava esos ropajes y cómo lo había hecho para llegar hasta allí.
Se le veía sólo, con las mismas zapatillas que cuando lo conocí y con esa cazadora tan peculiar. Fue impresionante saber de su existencia, no estaba tan lejos como me dijeron.

miércoles, 4 de noviembre de 2015

Rosendo

"Yo solo soy un fulano, una patata que va por la calle como todo el mundo y que no tiene nada más que ofrecer."

viernes, 11 de septiembre de 2015

Torres gemelas

Si se pudieran medir las ganas que tengo de verte, no existiría numero.
Tampoco habria infinito, banderas y sueños.
Hasta no valdría el sistema solar, ni la ropa interior en la misma habitación.
Se se pudieran medir las ganas de verte, no querría parpadear.
Seguiría sin existir el tiempo y no buscariamos la salida.
Es pronto, pero hoy te veré.

miércoles, 26 de agosto de 2015

Partes



Tu pelo.
Corto o largo, da igual.
Tu sonrisa.
Con la boca abierta o cerrada, da igual.
Tus orejas.
Con pendientes o sin ellos, da igual.

Pero tu compañía, tu compañía no da igual.

jueves, 20 de agosto de 2015

Tu enemigo eres tú.

Y tú.
Tú no tienes rival.
Tu sonrisa, tu forma de andar, tu mirada, no tienes rival.
Esa manera de existir, tu habilidad para crear un continente de la nada, tu mundo, sigues sin tener rival.
Quizá, y tras mucho pensar, llego a la conclusión que tu único límite eres tú.
Sin rival, eres tú.

martes, 18 de agosto de 2015

Lunar.

Veía los programas de la 2, le gustaba la cultura y leía poesía.
Escuchaba música que jamás había escuchado y fumaba tabaco de liar.
Tenía un acento peculiar, disfrutaba de la vida y Granada era su patria.
Amante pura, bebía cerveza como ninguna, era nómada y emprendía, si emprendía.
Su pelo no tenía color, castaña de naturaleza ocultaba su esencia bajo un tinte rojizo.
Fue un amor corto, verdadero, nos cuidamos y se llevó una parte de mí.
Estés dónde estés, esa fue la microhistoria.

jueves, 13 de agosto de 2015

Universales

Soñamos.
Si, lo hacemos constantemente.
Dormidos, despiertos, con los ojos cerrados o con los ojos abiertos, lo hacemos.
Cuando no queremos, lo hacemos con más fuerza, y duele.
Duele no poder controlarlo. Duele saber, que cuando más alto vuelas peor será la caída.
Pero es necesario.
En los sueños reside la base de tus ilusiones, y sin tus ilusiones la vida no tendría esperanza.
Esperanza de poder vivir en un mundo mejor, sin guerras, sin maltrato, hablando todos los idiomas, con mojitos en verano y estufas en invierno.
Por eso, los sueños son universales. Son tan personales que muchas veces los ponemos en común, regalando un pedacito de nosotros a la gente que nos importa.
Y llega el miedo. Miedo a contar nuestras fantasías, miedo a coincidir con alguien e ilusionarte, o por el contrario, comprobar que estás loco.
Tenemos que contar lo sueños, quizás estemos en el mismo escenario, en la misma playa o sin la mima ropa, quien sabe. Hay que contarlos. ¿Hay algo mejor que coincidir en un sueño? ¿hay algo más arriesgado?
Esa coincidencia puede llegar a enamorar. Da igual que sea tu amigo, familia, un desconocido o tu novia, te enamoras y punto. No puedes controlarlo, y jode.
Los sueños te pueden llevar a lo más alto. Alexander Fleming un día soñó con la penicilina, Keith Richard con “Satisfaction”, Albert Einstein con la “Teoría de la relatividad” y yo contigo. Si, contigo.
Luego existen las metas, los propósitos y los planes de fin de semana que, ingenuamente, crees que lo decides tú y no tus imaginaciones.
Cuando menos te lo esperas tenemos una carrera, somos propietarios de un coche, vestimos con esa camiseta que compramos en ese centro comercial y estamos en esa playa junto a nuestros amigos con los que coincidimos por unos instantes a la hora de pagar el viaje fruto de la ilusión que generó las imágenes que se formaron en nuestras cabezas.
No te engañes, no lo decides tú, lo decide tu subconsciente, tus ganas, tus expectativas.
Esas hipótesis son las que nos dan el empujón que necesitamos para seguir cuando no tenemos aliento, esas que marcan nuestros proyectos personales, la incertidumbre de cuanto dolerá la caída de ese vuelo sin motor en este mundo de locos en el que formamos parte.
Es lo bonito. Saber que debajo no hay red. Creernos trapecistas en nuestro propio circo, domar leones, hacer un mortal con doble tirabuzón y ser contorsionistas por un momento. Vamos, lo típico. Soñar.